El secreto de la esclerótica

Cuando se diseña un personaje y llega el momento de dar expresividad a su mirada, nos centramos sobre todo en el color del iris, en el tamaño de la pupila y en complementos como brillos, pestañas y cejas, y obviamos una parte muy importante: la esclerótica.

La esclerótica añade humanidad y expresividad.

La esclerótica, el área blanca del ojo, participa no sólo en la expresividad de la mirada, sino en el propio carácter del personaje. El ser humano es la especie con la zona más amplia de esclerótica visible, unido al hecho de que el globo ocular humano “sobresale”, lo que evidencia aun más su forma esférica y aumenta el ángulo de visión que el ojo puede obtener mediante movimientos musculares propios, sin necesidad de mover la cabeza . Esto es muy útil en nuestro carácter de “depredador”, ya que podemos fijar la mirada en diversos puntos sin que el resto de nuestro cuerpo nos delate.

Es más fácil saber hacia dónde mira el personaje en el caso de la derecha.

Hablo del término “depredador” en términos biológicos: los animales que tienden a ser presas de otros tienen los ojos separados y a ambos lados de la cabeza para observar mejor de dónde puede venir un peligro, mientras que los depredadores suelen tener los ojos en la zona frontal del rostro para “apuntar mejor” en su ataque. Curiosamente, la evolución ha dotado a los pájaros de ambas localizaciones oculares según su rol, véanse los gorriones y los búhos.

… y no tienen esclerótica visible.

Sin embargo, esto no explica porque el “blanco” del ojo humano es blanco, cuál es la necesidad biológica de semejante tamaño y su contraste con el iris. Antropológicamente, esto ha sido interpretado como un aspecto evolutivo paralelo al desarrollo del lenguaje y la capacidad comunicativa humana, pero no de una comunicación deliberada sino de la manifestación inconsciente de nuestros sentimientos, intenciones e incluso estado de salud. El conjunto del ojo, los párpados y las cejas pueden manifestar sorpresa, miedo, melancolía…  A su vez, el contraste de la esclerótica y el iris nos delata cuando desviamos la mirada mientras hablamos, añadiendo connotaciones que confirman o contradicen nuestro mensaje. Y si la esclerótica está enrojecida o amarillenta informará de si hemos llorado o estamos enfermos.

Ninguno de los dos ha pasado una buena noche.

Con estas premisas podemos, simplemente con el tamaño de la esclerótica, dar mucha información de un personaje. Cuando ésta es de amplio tamaño, se le “humaniza” y del mismo modo, cuando se prescinde de esta región o se la minimiza, estamos “animalizando” o “cosificando” al personaje; o quizás lo que pretendemos es que se exprese de un modo menos evidente, a través  de su expresión corporal más que de la facial.

El caso de Kevin:

Kevin, el pájaro gamusino de “Up”, es uno de mis personajes favoritos. Los ojos de Kevin son bastante inexpresivos, carecen de iris y apenas se mueven, a pesar de tener una enorme esclerótica. Cuando mira, casi siempre lo hace girando la cabeza (como sus referentes reales en la naturaleza), y para expresarse usa todo su cuerpo y sus graznidos.

Kevin tiene la mirada algo ida porque sus pupilas permanecen fijas.

¿Qué dicen de Kevin sus ojos? El tamaño de los iris en relación al conjunto del ojo y el hecho de que apenas los mueva nos dicen de Kevin que es un animal extraño, que no podemos adivinar qué piensa y que su conducta puede ser imprevisible. En contraposición, el perro Dug mueve las pupilas y las cejas a la manera humana, lo que le hace más accesible.

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