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Pelos

Cabellos con carácter. Melenas parlanchinas. Mechones autosuficientes.

La historia y la leyenda esta plagada de cabelleras tan míticas como pasivas, desde Maria Magdalena a Lady Godiva, la emperatris Sissi y las damas victorianas, Rapunzel o Sansón.

Aquí en cambio os traigo otras melenas, tan decididas, tan notorias, que si alguna vez fueran cortadas su dueño podría incluso desaparecer. Como el primo Cosa, de la Familia Addams:

Los entrañables Casimiro y el capitán Cavernícola, de los que siempre sospeché algún tipo de parentesco:

En España conocimos al inteligente MIM (que en realidad se llamaba Meme o Miimu y era japonés), con el que aprendíamos ciencia de pequeños:

Siguiendo el juego de cabellos por brazos, tenemos este encantador anuncio de champú, realizado por el Studio AKA, personaje diseñado por Boris Kossmehl:

Esta promo de la MTV realizada por Universal Everything:

Los niños de Erik Mark Sandberg parecen afectados por una colorida hipertricosis congénita:


Y estas son las maravillosas esculturas de pelo de la malograda Nagi Noda.

Y finalmente, un canto a la pilosidad, al bello vello, en esa encantadora película de Michel Gondry que es «Human Nature»:

El origen del osito de peluche

En el origen del osito de peluche intervienen tres elementos: un poco de humanidad, una caricatura y vis comercial.

Un poco de humanidad:

Allá por 1902, el presidente de los Estados Unidos Theodore Roosevelt fue invitado a participar en una cacería, dentro de las negociaciones por una disputa entre la frontera de los estados de Mississippi y Louisiana. Por supuesto, aquello estaba lleno de gente interesada deseosa de hacerle la pelota al presidente. La cacería fue un desastre, y los organizadores tuvieron a bien prepararle un oso atado a un árbol para que Roosevelt le disparara y hacerse la foto correspondiente. El presidente, no sabemos si en un acto de compasión, orgullo o sentido común, rechazó la oferta y el oso fue “indultado”.

Una caricatura:

Enseguida los periodistas tomaron nota de la anécdota, que fue publicada en el Washington Post acompañada de una caricatura realizada por Clifford Berryman.

Caricatura original de Clifford Berryman
Caricatura modificada con un osezno más indefenso

La ilustración se hizo popular y se publicó en decenas de periódicos. De hecho fue versionada, y el oso se tranformó en osezno para hacer más llamativa la caricatura. Y en todo el país, la gente conoció la anécdota y la imagen del presidente empezó a identificarse con la figura del pequeño oso.

La vis comercial:

En realidad, los animales de peluche o de trapo ya se fabricaban desde hacía tiempo, pero pasaban desapercibidos ante las bellas muñecas de porcelana y los juguetes mecánicos de hojalata. Casi simultáneamente, dos mentes oportunas tuvieron la idea de aprovechar la historia del oso. Por un lado, Margaret Steiff, que llevaba haciendo animales de peluche en Alemania desde hacía más de quince años, recibió en 1903 un encargo de miles de osos de peluche para su comercialización en Norteamérica. Y por otro lado, un matrimonio de inmigrantes rusos que tenían una tienda de golosinas en Brooklyn, los Michtom, colocaron en el escaparate a modo de reclamo un osito que hizo la esposa basándose en el dibujo de Berryman, al que llamaron Teddy (diminutivo de Theodore). Enseguida, el matrimonio se vio abrumado por los clientes que querían compran el osito Teddy, y en vistas a su comercialización masiva, pidieron permiso a la Casa Blanca para usar comercialmente el nombre de “Teddy” que con el tiempo se ha convertido en un nombre genérico. Poco después, crearon la compañía de juguetes Ideal, que encabezó la industria juguetera norteamericana durante gran parte del siglo XX hasta su venta y disolución. La compañía Steiff aún perdura.